Fósforo / No. 233

Pobo ‘Tzu’: Noche blanca o sobre cómo funciona la tierra



Óscar Daniel Badillo Pérez
Categoría: Posgrado


Pobo ‘Tzu’ - Noche blanca
Dirección: Yollotl Gómez Alvarado y Tania Ximena Ruiz Santos
México, 2021





Pasada la Semana Santa de 1982, los habitantes de las comunidades alrededor del volcán Chichonal, en la región montañosa del noroeste de Chiapas, advirtieron las primeras señales del desastre: el cráter comenzaba a expulsar humo, la tierra temblaba y desprendía un intenso aroma a azufre que envenenaba el aire y mataba a los animales. Las premoniciones se manifestaron también a través de imágenes de la hecatombe que se filtraron en los sueños de los zoques. La región, que hasta entonces había convivido pacíficamente con aquel volcán dormido, se vio trastocada por una serie de erupciones que, en sólo un par de semanas, dejarían un saldo de más de un centenar de muertes y 14 pueblos sepultados bajo las cenizas y las rocas. Uno de aquellos pueblos fue el ejido Esquipulas Guayabal, cuya resistencia y vida luego de casi cuatro décadas es la materia documental para los directores Yollotl Alvarado Gómez y Tania Ximena Ruiz Santos en Pobo ‘Tzu’: Noche blanca (2021).

De entre los muchos acertijos que propone esta película a sus espectadores, el desafío de clasificarla o no cómo un documental es uno que se reformula a lo largo del filme a través de varias preguntas: ¿es la representación de los sueños territorio del cine documental?, ¿es posible distinguir la frontera entre ficción y realidad en las narrativas de una cosmovisión ajena a la nuestra? Imágenes, testimonios y poesía articulan respuestas sutiles pero convincentes al respecto.

La película inicia con una escena que bien podría introducir un documental antropológico: en un plano cenital, a la luz del fuego, un hombre dibuja sobre la arena. “Les voy a contar cómo funciona la tierra”, dice, y traza en un esquema el oriente, el occidente, el exterior y el interior de la tierra (donde habita la noche). “Y aquí vivíamos los zoques, hombres de palabra, hasta que un día despertó el volcán Chichonal, haciendo una gran erupción que sepultó el pueblo entero”. Las secuencias posteriores, sin embargo, sugieren que no sólo aquella escena introductoria, sino la totalidad de la película persiguen una misma ambición: explicar el funcionamiento del mundo o, mejor dicho, de un mundo, uno de aquellos que Guillermo Bonfil Batalla adjetivaría como “profundos”.

En las secuencias posteriores, la cámara nos lleva por un camino nublado hasta el solar de Trinidad y nos asoma a su sueño: pietaje de archivo de las erupciones, imágenes insólitas de aquella noche blanca de 1982 en que la ceniza y el humo impidieron el paso de la luz del sol por tres días. Éstas y las imágenes actuales del cráter en las que se muestran los vestigios de actividad volcánica del Chichonal no son, sin embargo, las de un documental de compilación o un reportaje conmemorativo. Pobo ‘Tzu’: Noche blanca no es una película sobre lo que ocurrió hace 40 años, sino sobre las hondas consecuencias humanas de un desastre natural, sobre cómo marcó a los sobrevivientes de aquella comunidad y a sus descendientes.

Los sueños de Trini, el protagonista, inquietan a los demás vecinos del ejido. Su insistencia desemboca en un esfuerzo colectivo para exhumar la iglesia del viejo pueblo. Los habitantes se unen, trabajan, dialogan y reviven ritos ancestrales. En sus jornadas arqueológicas, lo mismo desentierran una pared que un recuerdo. Y de aquella excavación, surgen no sólo ruinas sino preguntas. Trinidad, un poeta nacido en medio de la erupción, encuentra en aquella coincidencia la explicación de su vocación poética y activista. “Por eso eres como eres. El volcán te comió el ombligo”.

La búsqueda del pasado es paralela a otra indagación, una personal e identitaria. Al respecto, hay en la edición un elemento que reproduce a escala los eventos catastróficos en las vidas cotidianas de los zoques. En repetidas ocasiones, a las imágenes de los remanentes de actividad volcánica en el cráter, les suceden otras de las cocinas de los personajes: el agua rebulle en el corazón del Chichonal al igual que en una cazuela sobre el fuego; a las rocas ardientes corresponde el maíz sobre el comal; al vapor que expele la tierra se yuxtapone el humo de los fogones. La catástrofe se repite, domesticada, en los alimentos de quienes la sobrevivieron.

Pero la explosión del volcán no sólo se mantiene viva en la cotidianidad de los hogares, sino que se renueva en los sueños. La película muestra, con aparente transparencia, la realidad de una comunidad, pero va más allá y representa también lo que ocurre en la dimensión onírica que habitan sus personajes a través de secuencias como el humo denso que escapa de una casa, las piedras que arden de pronto sobre el suelo o los sonidos y las luces que escapan de las ruinas subterráneas de su antiguo pueblo.

Es entonces que la película empuja a una reflexión sobre la naturaleza de lo que miramos en pantalla: ¿puede un documental representar la consistencia de los sueños? Quizá aquí sea especialmente pertinente la definición griersoniana del documental como el “tratamiento creativo de la realidad”. Si bien la tradición de este género se ha esforzado históricamente por ejercitarse en el rigor de la no ficción, lo cierto es que, cuando se busca —como en este caso— representar cosmovisiones en las que el sueño no es menos real que la vigilia, la representación de lo onírico no le es ajena.

Al final, la búsqueda de Trini lo lleva más allá del pueblo de Esquipulas Guayabal, al cráter del volcán. Desnudo en la paz del lugar de donde surgieron la ceniza y las piedras que sepultaron a sus abuelos, sus casas y su iglesia, Trini halla el centro y el origen. Un momento de identificación en el que, sin rencores ni miedo, se reconoce en comunión con el corazón de la tierra: “Mi ombligo te habita”.

También, como los habitantes de ese pueblo zoque, la película de Tania Ximena Ruiz Santos y Yollotl Alvarado Gómez escarba en el pasado, hurga en la memoria colectiva, va a las entrañas de la realidad y desentierra testimonios que dan cuenta de la resistencia de los pueblos originarios ante el embate ya no sólo de las fuerzas naturales, sino de otras, no menos potentes y destructivas, que amenazan el funcionamiento de aquel esquema trazado sobre la arena, a la luz del fuego, en las primeras imágenes de Pobo ‘Tzu’: Noche blanca.





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