No. 116/POESÍA

 
 
Cosas con palabras


Ernesto Priego
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS, UNAM


Pide la palabra


Sería incapaz de pedirte que te tragaras mis palabras,
que tomaras un trago de mi propia medicina.
Sería incapaz de pedirte una mano o todo el cuerpo,
que te pusieras mis zapatos o aprendieras a aullar.
Sería incapaz de pedirte que lloraras en los mares,
que prefirieras ver miles de aves en el cielo.
Sería incapaz de pedirte que de noche vieras los colores de esos gatos,
que descubrieras la textura de la seda en un pasillo sin salida.


Sería capaz, en cambio, de ofrecerte, aunque sea por una vez,
la oscuridad de mi morada






Cartografía


Te despiertas y lo sabes:
te has rasgado el cuerpo
e hilos de rojo brillante te han marcado.


Te miras al espejo y no lo notas:
tus ojos te han abandonado
asomándose estas noches desde dentro.


Te recuestas nuevamente y lo meditas:
quizá jamás quisiste descubrirlo.


Te levantas de un golpe y te lo callas:
de ella sólo queda su olor
sobre la cama la huella de su cuerpo
su abandono que te ha tatuado las entrañas.






(Libertad condicional)


Si lo supiese lo diría:
me lo callo
abro el libro
lo escribo entre sus márgenes.


Si lo hubiese escrito antes me reiría:
me lo callo
tomo la pluma
y sangro color negro en amarillo.


Si tratase de ser otro callaría:
no lo hago sino aúllo,
grito en voz roja y azulada,
salgo hacia lo opaco de esa luna
y aviento el sobre blanco hacia tu puerta.


Si lo hubiese hecho antes correría:
camino lento
sintiendo cada piedra perforarme
y llora una lluvia de sequía
y no volteo, como para no sentir la despedida.






Chill April Morning


Ayer abrí la ventana y no te vi.
Bajé, preparé el café, abrí la puerta.
Recogí el periódico, leí los titulares. Caminé de regreso hacia la mesa. Jalé la silla
y me senté. Tomo un sorbo de la taza y me congelo ante las siluetas del humo en
la mañana. Llovía y ni siquiera lo he notado: cierro los ojos y los abro. Miré la taza
de café y muevo con la cuchara azúcar en pequeños círculos que forman
remolinos. Hojeo el periódico lentamente, hoja tras hoja, viendo todo
y nada al mismo tiempo. A diferencia de otros días,
decido no mirar los obituarios. Tomo otro sorbo de café.
Cierro el periódico y me levanto,
caminando hacia la ventana
de la izquierda. Miro fijamente
las gotas que resbalan por el
vidrio. Hace frío. No hago más
que pensar en qué lado de la
cama dormiré esta noche.






Primero fueron tus ojos


Primero fueron tus ojos:
la noche se burlaba a nuestra espalda
y el sol se escondía acobardado


niña diosa, protectora de tu isla:
traté de mirarte fijamente
y sólo pude darte una mirada


Primero fueron tus ojos:
luego todo el rostro, desnudo
me quedé sin movimiento, en piedra


mi galera en fuego, mi bandera destrozada
y tú, esfinge, gorgona, sirena alada
y yo, marinero ebrio, enmudecido


Primero fueron tus ojos:
he perdido todo, incluso la memoria
sólo queda tu mirada, incrustada para siempre
en el ojo de mi mente.






I dreamt a dream last night


No es que te hayas quedado conmigo
si es que te quedaste algún día


y no es que me haya ido contigo
si es que te fuiste hacia algún lado


y sin embargo ahí estabas
y yo también estaba ahí


o sea que los dos estábamos allí, juntos
pero no estábamos


o será que sólo era un sueño
y que yo estaba en ambos lados:


aquí
y donde tú.






La balada de Alcatraz (para acordeón, pasta y vino tinto)


Está lloviendo es Mission Street
y la bahía refleja el laberinto:
el frío me congela la mirada
en la pared donde se imprime la
sombra de un sonido.


El cielo es purpúreo y camino en solitario
escalando San Francisco y sus calles
como si no fuera la primera vez:
ya no recuerdo si es que ya he dado
antes estos pasos
o que reconozco el imborrable sentimiento
como la palma de mi mano.


Está lloviendo en Market Street
y me detengo ante mi sombra:
tu nombre se confunde con el ruido
del agua que escurre con violencia
hacia allá abajo.


Volteo y el camino me parece de nueva cuenta conocido:
cuánto daría por saber
si es que aquí he vivido, en sueños,
vigilias o en mis libros.






Tuesday Morning


Probablemente, sólo un artificio.
Un intento. Una ambición.


Probablemente, sólo un juego,
un fuego, una herida,
una cicatriz.
Un puente. Una ventana.


Probablemente, sólo una salida,
una puerta, un consuelo.
Una sonrisa. Una excepción.


Probablemente, sólo un viaje,
un escape, un sueño,
un momento de paz.
Un respiro. Un aliento.


Probablemente, sólo unas palabras,
un poema, un señuelo,
una trampa.


Probablemente, sólo un río,
una corriente, una oleada,
una marea, una playa.
Unos ojos. Una boca.


Probablemente, sólo un pulso,
unas venas, una arteria,
un corazón.
Unas líneas. Una mujer.
Unas palabras.






Después


It’s grey outside and you’re wearing green.
Spring is here again he used to say
but you keep blossoming
as if seasons were nothing.
And I just pretend you are
not in this same room
and I just pretend you are
just one too many evenings away.
I wish I were not myself again
to look everywhere I wanted
but just when I foolishly think I’m ready
I see you again through that literally grey window
wearing green, making believe things
like seasons,
or even me,
do not exist.






Nursery Rhyme


Inside the Golden Days
of Missing You,
the girl smiled again
but did not pronounce
her name.


Staring back into the Silver Gates
of Dreaming You,
the boy laughed again
but did not remember
how to say his name.


Deep down into the Starry Bridge
of Calling You,
the girl danced again
but did not look back
to say hello.


Way back to the Shiny Nights
of Loving You,
the boy opened his mouth again
but did not pronounce
what he had tried to say.






en realidad


en realidad, lo peor que puede uno hacer
es ser uno
mismo


es lo mismo siempre:
una cerveza
una canción que casi nadie entiende
sólo tú


y lo mismo
siempre


uno
solamente.






Uno solo es uno


Mi corazón late en enfurecida cabalgata.
Persecución, por todos lados:
veloces, irrumpen, una tras la otra,
corren, caminan, casi vuelan:
dejan el rastro de su aroma y
sus ausencias se cubren de otros pasos
que no cesan:
revolotean, acechan,
caen como tormenta, llueven con aplomo
y son tornado indetenible.
Sin freno, fluyen incesantes como
torrente en hemorragia, inundan
las paredes y ahogan las pupilas.
Son cascada inagotable, epidermis
una sola y colectiva, tempestad
de hadas de alas transparentes.
Las miro y no me alcanza la mirada:
no paran, se suceden en hilera incalculable,
encienden el camino combustible y
consumen cuanto tocan a su paso.


Arden.


Caray, tantas mujeres, y uno sólo es uno.