No. 130/EDITORIAL




En esta sexta época de Punto de partida, que incluye ya dieciocho números, hemos publicado colaboraciones de estudiantes de la Universidad Nacional y de muchas otras instituciones educativas, fieles al espíritu de pluralidad e inclusión que ha marcado este proyecto desde la cuna. Al recibir la encomienda de editar esta revista, nos planteamos retomar el ánimo de su primera editora, Margo Glantz, y publicar números monográficos ocasionales dedicados a la literatura estudiantil de habla hispana, a manera de puente entre escritores jóvenes de distintos países. Éste es el primero de esos números especiales, y hemos optado por la literatura chicana por dos razones fundamentales: primero, porque compartimos con la comunidad chicana en Estados Unidos la mitad de sus raíces culturales; segundo, porque a pesar de esta cercanía de origen y territorio, la literatura chicana y la denominada latina en general —en especial lo hecho por jóvenes— es materia prácticamente desconocida de este lado del Río Bravo.

Así, a fines de 2004 enviamos una convocatoria dirigida a estudiantes en universidades estadounidenses, invitándolos a participar con nosotros en este número. Recibimos, sobre todo, poesía, y de ésta seleccionamos, en trabajo conjunto con Zaidee Stavely, colaboradora de Punto de partida y conocedora del tema, el trabajo de cinco jóvenes escritores. Es de destacar que no todos son chicanos: Betina González es de origen argentino, pero vive y convive con la comunidad méxico-americana en El Paso, Texas.

Además de esta sección de poesía estudiantil, el número contiene también una serie de reseñas sobre literatura chicana/latina, así como una bibliografía comentada, con recomendaciones de lecturas que pueden acercar a nuestros estudiantes a un universo literario tan particular, marcado por la lucha contra la discriminación y la búsqueda de reconocimiento a su propia identidad cultural.

Hemos querido también incluir, en nuestro Árbol Genealógico, un fragmento de “Cuatro principios rectores para una experiencia llena de vida”, texto autobiográfico de Helena Maria Viramontes, escritora chicana y académica de la Universidad de Cornell, quien generosamente nos ha permitido reproducirlo aquí. Agradecemos también al doctor Axel Ramírez, investigador del Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos y experto en estudios chicanos, su importante colaboración.

Por último, queremos destacar el trabajo de ilustración hecho por alumnos de la Escuela Nacional de Artes Plásticas y de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, quienes realizaron la propuesta gráfica que acompaña los textos a partir de una investigación sobre la iconografía chicana y latina. Esperamos que este número sirva como un primer acercamiento al trabajo literario de esta comunidad, tan parecida y la vez tan distinta de nosotros.