No. 137/POESÍA

 
Poemas

Andrés Márquez
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS, UNAM
 


Alba Silente
[fragmentos]

 

 

La verdadera vejez del hombre empieza
el día de la muerte de su madre.

José Lezama Lima

A mi madre*

 

 

 

VIII- Incienso


Lo último que puse en el cuenco de su mano
fue una pira de copal encendido.

El patio amaneció con horror sonámbulo,
la luz concluyó con el resguardo de cenizas;

y no he de decir que mi corazón palidecía,
que los jardines flotaban en la marchitez del espacio,
ni que me afilaba las uñas con los dientes
porque no importa la monserga de mi historia
sino el zumbido silente del alba.

Extendió sus palmas
—cavidad limítrofe del tacto,
oscuridad blandiendo preguntas y misterios.

Extendió sus palmas.

Para cuando tocó mi cuerpo,
la memoria
me arrojaba en un canasto sobre el agua.


punto de partida 137
Dibujos de Itzel Jiménez Cedillo, ENAP, UNAM
IX- Sonidos


Soñé con el día
en que escuchábamos el mar en caracoles.

Al despertar,
pongo tu vaso en mi oído:
              se oye un tosido que se aleja.



X- Eternidad


Será mi corazón tu último aposento
—canasta, cofre, pesebre o túmulo—
donde contenga el marisma
y la flor turquesa de tu cuerpo.

Allí transitarás    todas tus vidas,
dormida
en archipiélagos de aire.

Ahora un santuario de mutismo.
Tu cuerpo es la forma de mi dolor:
     mi sabor desconocido,
              falacia incandescente,
                        mi desahucio.



Lahuma en la furia de sus colmillos
[fragmentos]


V


Brota vapor
por debajo de la puerta,
                          puedo acariciar
                                                           tu cuerpo disipado en una nube.



VIII


Duerme sobre la cama de hojarasca,
entre sedas parece una pequeña cordillera.
Soy nube cuando beso su pubis.

Pulo su clítoris
como piedra en bruto
comienza a sudar         
                 se calienta
                            libera
estertores y suspiros.

                 Continúa dormida.

—Soñé que hacía el amor con un simio—
mientras corta un plátano
con los dientes.



XIII


Con su lengua bordea mi cuerpo lácteo
va creando la carne que me ciñe.

Paladea su furia entre los dientes,
agazapa su instinto en húmedas caricias.

De pronto la fiera salta,
ruge con su sexo
incrusta su dentellada en medio de mi espalda.

Retengo un grito entre los labios.

—Mañana terminaremos tu tatuaje.
 
Sonríe,
                    muestra al viento sus colmillos.



XIV


punto de partida 137 Espero su adviento
como a la lluvia.
Vendrá para que la habite siempre.

Ella es la surtidora de mi vida.
nosotros,
los pedestres que soy
volvemos el rostro hacia Lahuma,
                —espuma de piel felina,
                abnegada tentación de rugidos.

Flota hacia mi
mientras tromba mi cuerpo.

Su arrogancia
es un campo de furia
que revienta los moluscos dormidos en la arena.

punto de partida 137 Cabalga en el oleaje
como en mi cuerpo
                 —es en realidad,
                 una pantera albina
                 que me sabe su presa,

                 muerde mis labios,
                                mi pecho,
                 en cada dentellada
                 libera las parvadas y jaurías
                 que conviven en su boca—,

jamás sabré el origen
de su furia.


 

 



* Concepción murió el 13 de enero de 2002, amaneció asfixiada por una tos que le provocó infartos cerebrales. Ese día nevó en los montes y el cielo regaló un arcoiris.