Del Árbol Genealógico / No. 204

Nunca después

 



Oí a alguien mencionar
con crudelísima ansiedad
los Apeninos,
avanzando por el túnel
atemporal de la anestesia,
recuerdo acorralado
aunque no mío,
una nube deshilachada entre cornisas,
un algodón de nácar en la lengua.
Ningún paisaje
surgió espontáneamente
ofreciendo elementos
de un mundo bien distinto
que dejara con la boca abierta,
sin habla, sin poder describir
o definir esa belleza,
su insufrible, intolerable,
hórrida armonía,
su equilibrio doloroso.
Desde la cóclea intuí
el mensaje en clave,
qué cumbres merecían
ser
de Maltrata,
un paradigma
de estrías expresivas,
un rostro carcomido entre senderos;
cuáles multiplicaban su presencia
llenándola de ceros,
Mil,
surcando paso a paso
el eje volcánico del norte,
cicatrizando en frío su territorio;
o si resultaría quimera
tildar
de Borrascosas
alturas cortadas a la medida
para arrojarse, precipitarse
e ir rodando entero, luego quebrado,
después poco a poco desmembrado
porque ya nada, en serio nada, tiene caso,
porque no “vale la pena vivir”,
como afirmaba el arzobispo Fulton J. Sheen,
emergiendo sin cuerpo
por las bocinas del radio
en la lengua de Rambal,
a temprana hora
los domingos
de mi infancia:
el son nido, en arrullo.

“Nadie sabe para quién trabaja”,
se repetía después en la cocina de la casa.
Si bien entonces no entendía esa frase,
hoy puedo salir de dudas
con una equivalente:
“Ahora caigo”.

Gracias al “prelado”
y a su cursi intensidad predicatriz,
vi (aunque suene raro
que el oído impulse la visión
y además sea desquiciante)
mi trayecto pendular
del color pálido al marino
en un salón hostil
de un febrero de otro siglo.
Azul gasa de una herida
o pabellón de hamaca,
pluma de pavo real a contraluz,
envolvía mi pensamiento,
sus entrañas criminales,
manta de cielo, cabello
de ángel arrogante
recién lavado y suelto:
tan apenino que
sin motivo

vale la pena morir.





Pura López Colomé (Ciudad de México, 1952). Estudió la carrera de Letras Hispánicas en la UNAM. Ha publicado más de una decena de poemarios, entre ellos: El sueño del cazador (Cuarto Menguante Editores, 1985), Un cristal en otro (Ediciones Toledo, 1989), Aurora (Ediciones del Equilibrista, 1994), Intemperie (Juan Pablos, 1997), Éter es (Conaculta, 1999), Tragaluz de noche (FCE, 2003), Música inaudita (Verdehalago, 2004), Santo y seña (Premio Xavier Villaurrutia 2007; FCE, 2007), Una y fugaz (Bonobos, 2010), Lieder: cantos al oído/cantos al olvido (Bonobos, 2012), Reliquia (Conaculta, 2014) y Via corporis (en colaboración con el artista visual Guillermo Arreola; FCE, 2016). Conaculta publicó, en 2013, sus Poemas reunidos 1985-2012. Algunos de sus ensayos se encuentran reunidos en Afluentes (Literatura UNAM, 2011). Su obra ha sido traducida en Estados Unidos, Irlanda, Francia, Inglaterra, Holanda, Austria. Ha traducido a poetas como Robert Hass, H. D. (Hilda Doolittle), Breyten Breytenbach y Seamus Heaney. El catálogo del Fondo de Cultura Económica incluye, en su colección de audiolibros (tres CDs), una antología bilingüe de poesía que llevó a cabo en colaboración con el poeta escocés Alastair Reid, bajo el título de Resonancia/Resonance. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.