TRECE NARRADORES DE CHIAPAS (1978-1994) / No. 196


 

El sueño lúcido



Marco Antonio Morova

Tonalá, 1985



Le habría encantado evocar —en ese cubo de concreto ubicado en el tiempo y espacio de su mente, donde un jovencísimo Roger Caillois daba una cátedra sobre los sueños— un lugar menos simple y más alucinante. Si él hubiera podido escoger racionalmente los elementos de su sueño, habría sentado un pavorreal —uno de dimensiones humanoides, que con todo el contorno de un pavorreal, tuviera por otro lado la forma de una mujer— en el asiento en el que un desaforado Salvador Dalí se alborotaba los cabellos ante los demasiado sistemáticos argumentos del maestro. Quizá en lugar de La muerte y la doncella él hubiera utilizado, cómo música de fondo, una canción de los Rolling. Y en lugar de las mamparas color metal, las múltiples pantallas de plasma incrustadas en la pared, y esa molesta computadora injertada en su brazo izquierdo, que más que comunicarlo, no hacía más que provocarle cierto escozor y la sensación de ser un androide, un sistema puramente maquinal que lo alejaba de ese conglomerado de humanidad congregado en esa aula por un mero capricho de su mente, él habría dado todo por algo más elemental, mar, piso de arena, caparazones de tortuga Galápagos a modo de asientos, cuerno de caza colgado en la esquina derecha de la pared frontal. “Vaya mierda de sueño que tienes”, le dijo un fastidiado Hemingway sentado a su lado. “Con decirte que hubiera preferido a Platón en vez de ti”, le contestó. Pero de pronto, todo esto ya no importó, porque ahora venía la mujer —justo cuando Caillois comenzaba a hablar sobre los sueños lúcidos, y con un dedo rugiente le señalaba, sé que tú estás soñando, sé que tú y yo y todos ellos existimos porque nos sueñas y nos controlas a tu antojo, o eso crees hacer—, esa mujer que por tanto tiempo retuvo en lo más profundo de su memoria, para soñarla y evocarla, para hacerla suya siempre, para tenerla cuando quisiera porque ya vivía ahí, en algún punto neurálgico de su subconsciente. “¿Es como lo soñaste?”, preguntó ella sin voltearlo a ver. Él se quedó callado unos segundos, esos segundos en los que el médico psiquiatra ejecutó la primera descarga de electrochoques, y apenas, al entreabrir los ojos, pudo ver algo de esa ¿fantasía? ¿Realidad? “No”, la miró al fin y la tomó de la mano, “es por mucho, mucho mejor”.

  

 

Inédito.

Marco Antonio Morova. Es licenciado en Educación Secundaria, con especialidad en Matemáticas, por la Escuela Normal Superior de Chiapas. Escribe poesía, cuento y novela. Su trabajo poético está incluido en diversas antologías y volúmenes colectivos. Ha publicado cuentos y ensayos breves en diarios locales. Fue becario del pecda en 2015 en el área de novela. Actualmente forma parte del Grupo Cultural Ocosingo A. C. y es profesor de Telesecundaria en una comunidad tzeltal de la región Selva del estado.