EDITORIAL / No. 190



 

Este número de Punto de partida ocupa sus páginas con la poesía actual de Guatemala. A ella llegamos gracias a los buenos oficios de Margarita Cossich, quien nos propuso la edición de una muestra de la nueva generación de escritores de su país y nos puso en contacto con Luis Méndez Salinas, poeta, editor y director del proyecto Catafixia, editorial que publica en la ciudad de Guatemala y que cuenta con un importante catálogo internacional y un sólido trabajo en la difusión de la poesía contemporánea.

Méndez eligió para esta antología a trece poetas que comparten el azar cronológico —y por ende la historia— y la permanencia en eso que él llama en su prólogo “país-ficción, país-pendiente, no-país”. Desde ahí ubica su selección de textos inéditos o poco difundidos; trece poéticas distintas aunque permeadas —unas más, unas menos— por la crisis del entorno en que se han desarrollado. En este marco, el antólogo decidió preceder la muestra con tres poemas de Francisco Nájera, guatemalteco avecindado en Nueva York, con quien reconoce una correspondencia en la obra de los autores seleccionados.

La obra de Nájera, como dan fe los poemas incluidos acá, es por demás contemporánea, y abre la puerta a la antología de Méndez, quien acomoda con acierto a los autores a partir del origen —lo primigenio— en los versos de Gabriel Woltke, y traza distintos caminos para recorrer voces, tonos e intenciones que, por ejemplo, pisan lo terreno en el lenguaje híbrido de Wingston González o atestiguan la reflexión filosófica en Carmen Lucía Alvarado; rutas que cruzan por la voz transfigurada, frenética, de Manuel Tzoc, y respiran en la transparencia de los versos de Sabino Esteban Francisco; o avanzan entre la devastación en los de Vania Vargas o Alejandro Marré, para cerrar con una especie de exposición de motivos en el poema “Aquí está el milagro”, de Maurice Echeverría: “Este presente / me lo da mi país, cada día; / y jamás lo doy por descontado.”

La parte visual del número corre a cargo del artista Álvaro Sánchez, a quien agradecemos la generosidad de compartir con nosotros este portafolio de collages —transferidos a blanco y negro— que discurre entre los poemas, dialoga por oposición o empatía con ellos y se convierte así en un personaje más de la muestra. A manera de cierre hemos incluido dos reseñas de libros y autores guatemaltecos que completan nuestra invita-ción al público a acercarse a las letras de este país, con el ánimo de contribuir a la difusión de cuerpos literarios que, a pesar de las posibilidades de la red, han sido poco visibles para lectores de otras latitudes, o más sencillamente, citando el lema de Catafixia Editorial, “para anular el silencio”. Al antólogo y a los poetas, nuestro sincero agradecimiento.


Carmina Estrada