CUENTO BREVE/No. 181


 

Sobre la importancia de las batas de laboratorio



Mario Arroyo

Colegio de Bachilleres del Estado de Michoacán

 
 
Eduardo Canela es un ingeniero retirado que encontró en el ajedrez una solución a su problema de exceso de tiempo libre. Gracias a esto también ha conocido a muchas personas interesantes que, como él, frecuentan todas las tardes el café Gijón, donde es sabido que todos los pseudointelectuales y artistas frustrados del pueblo beben café, fuman, hablan de política y pasan horas enfrascados en partidas interminables. Entre estas personas Eduardo goza de cierta popularidad debido a sus recientes victorias en un par de torneos locales.

Esta mañana, al adquirir en el puesto de periódicos la más reciente edición de chismes sobre el ambiente ajedrecístico, Eduardo ha comprado también una revista de divulgación científica. En ella leyó un artículo donde se explica que cualquier persona cometerá menos errores (específicamente, cincuenta por ciento menos) al realizar cualquier acción o tarea si lleva puesta una bata de laboratorio. Al ingeniero le causó mucha gracia leer aquello, pero luego recordó que esa revista en especial era una fuente fidedigna de información, así que para salir de dudas decidió comprobarlo él mismo. Después de comprar una bata blanca con su nombre bordado en elegantes y cursivas letras azules, Eduardo se dirigió al café Gijón.

Descubrió que ese cincuenta por ciento representa una gran ventaja en el ajedrez: aunque la nueva adquisición del ingeniero causó risas apenas disimuladas entre sus amigos, todos los presentes estuvieron de acuerdo en que aquel hombre había mejorado su estilo notablemente. Esta idea se reforzó poco después, cuando Eduardo Canela ganó el primer lugar en el campeonato estatal, venciendo sin problemas a sus oponentes.

No fueron pocas las personas que atribuyeron tan aplastante victoria al hecho de que Eduardo no se quitó su bata en ningún momento.

Unos meses después fue llevado al campeonato nacional, donde descubrió con preocupación que un hombre proveniente de Zacatecas también vestía una bata blanca durante las partidas. Como era de esperarse, era un oponente formidable. Eduardo y el hombre de Zacatecas se enfrentaron en una prolongada batalla en la gran final, donde con mucho esfuerzo (y dramatismo rara vez visto en este juego) Eduardo ganó.

Fotografías y recortes enmarcados relacionados con aquel día adornan hoy los muros del café Gijón. En ellos se observa el rostro sudoroso y ensombrecido del campeón estatal, si se presta mucha atención es posible distinguir una segunda bata blanca, que Eduardo decidió ponerse justo antes de salir al encuentro. “Por si acaso”, se había dicho a sí mismo.

En medio de la lluvia de flashes de cámaras y aplausos ensordecedores, escuchó que una voz en el micrófono anunciaba con orgullo que él, Eduardo Canela, participaría a nivel mundial representando a México.

En ese momento no pudo evitar preguntarse si aquel triunfo era realmente suyo o si era gracias al efecto acumulado de la tela sobre su cuerpo.

Era importante saber la respuesta pronto, porque de ser lo segundo, Eduardo necesitaría calcular cuántas batas más comprar.



Mario Arroyo (Los Reyes, Michoacán, 1990). Estudia en el Colegio de Bachilleres del Estado de Michoacán. Ha escrito guiones para cortometrajes y ganó el primer lugar en el concurso Ponle Play a Tus Ideas en el año 2010.