TRADUCCIÓN/No. 166


 

Poemas de Henri Meschonnic*  




Eduardo Uribe



Presentación

A lo largo de su vida, Henri Meschonnic (1932-2009) hizo una obra que comprende poesía, crítica y traducción, principalmente. Todas sus actividades se distinguen por una búsqueda incesante de algo que no existe, desconocido, en el sujeto, en el lenguaje, en el pensamiento, en la historia. La invención, en general. Como consecuencia, la originalidad, lo específico, lo nuevo se encuentran en cada uno de sus trabajos. Crítico infatigable, erudito sin pretensiones, sabio de pocas simpatías, traductor radicalmente ateo de la Biblia, lector atento de Hugo y de la poesía moderna, destructor incrédulo de lo posmoderno y de los academicismos, cada aventura le valió a Meschonnic la incomprensión, la difamación y, sobre todo, el silencio de sus contemporáneos. Meschonnic, obviamente, no fue un poeta destinado a las pasarelas del mercado, ni de los premios, ni de las diplomacias institucionales; tampoco podía figurar en las antologías. No sorprende que en torno suyo haya surgido un mito de múltiples descalificaciones: polemista, obstinado, terrorista cultural, provocador, serial killer… Atributos, sin duda, provenientes de académicos, literatos y escritores, ejecutores y dueños de una abatida literatura francesa contemporánea.

No sorprende, tampoco, que Meschonnic apenas esté traducido. Contra esta carencia, en lo que concierne al ámbito hispánico, se han aventurado ya algunos traductores, principalmente con la obra crítica y ensayística. Ahora presento una reducida muestra de sus poemas —delimitación equívoca, pues en Meschonnic la crítica y el ensayo son el poema del pensamiento. Su obra en verso tiene tal continuidad, que es imposible delimitar dónde se interrumpe y recomienza cada poema. Sin embargo, no he hecho más que escoger libremente, entre algunos libros de madurez, textos cuya traducción me permitiera inventar un acercamiento a la poética de Meschonnic.

En Pour sortir du postmoderne (Para salir de lo posmoderno) —sin traducción al español—, uno de sus últimos trabajos, Meschonnic escribió: “Las sociedades son calendarios.” Por una coincidencia editorial, esta traducción aparece a dos años de su muerte. A veces, el azar y la historia hacen esas jugadas.


                               De Viajeros de la voz (1985)

el hombrecito
quiere saber de dónde salen las piernas
cuál es el número que no
se cuenta
son
ya las cinco con diez
y te amo todavía

*

tanto estoy por venir
que apenas tengo el presente
tanto falto de lugar
que no se me encuentra    allí
en donde estoy    no obstante me muevo
aquí    lo que se necesita    y hablo
como todos con la boca
llena de lo que no existe
todavía y no estoy en
exilio el exilio pone todo
en el pasado incluso el porvenir
de aquí hace otra parte
habita un lugar común
el desierto está sobrepoblado
de allí vengo ya no puedo jugar
con los granos de esa arena
porque de ella estoy hecho    quiero
ver mejor ojos que me oigan
antes de que encuentre las palabras
uno nunca sabe cuándo se necesita
partir

*

las placas de las calles también deletrean los nombres del olvido
no son la memoria
se cree únicamente que retienen
pero conmemoran el olvido
y tiene él tantos nombres que tiene más que Dios mismo


                              De Todo entero rostro (2005)

un loco pasa
pasa
delante de mí
y ríe
de atravesar
la noche la noche
que soy

y a fuerza de verlo
me parece
cuando río
frente a ti
que soy él

               *

es una vez más
el instante
era bello
lo tomé

               *

cómo podría yo
infinito
decir algo
del finito


                              De Y la tierra corre (2006)

es tiempo
de oír
lo que uno no quiere oír
oír lo que no hace ruido
la sangre no hace ruido
el pájaro muerto
no hace ruido
caminar sobre una nube
no hace ruido
dejar hacer
no hace ruido
callarse
no hace ruido
pero todo este silencio
de todos aquellos que se callan
hace un ruido para ya no vivir
mentir no hace ruido
pero mentir mentir sobre mentir
acaba haciendo un ruido para ya no
oírse
un ruido de fin del mundo
la muerte no hace ruido

 

 

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Henri Meschonnic (París, 1932-Villejuif, 2009). Teórico del lenguaje, ensayista, traductor y poeta. Publicó, entre muchosotros, los siguientes libros: en poesía, Voyageurs de la voix (Verdier, 1985), Je n’ai pas tout entendu (Dumerchez, 2000), Tout entier visage (Éditions Arfuyen, 2005), De monde en monde (Éditions Arfuyen, 2009) y Demain dessus demain dessous (Éditions Arfuyen, 2010); en ensayo, Pour la poétique (Gallimard, 1970), Des mots et des mondes (Hatier, 1991), L’utopie du Juif (Desclée de Brouwer, 2001) y Pour sortir du postmoderne (Éditions Klincksieck,2009). En 1972 obtuvo el premio Max Jacob; en 1986, el premio Mallarmé, y en 2005, el Premio de literatura francófona Jean Arp.

Eduardo Uribe (Ciudad de México, 1980). Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, y la maestría en Traducción en el Colegio de México. Es autor del libro de cuentos Infiernos particulares (Ediciones de Punto de partida, 2008). Ha publicado piezas dispersas en periódicos, revistas, antologías y sitios electrónicos. Ha traducido textos de Philippe Jaccottet y Philippe Delaveau, entre otros. Ha sido becario en dos emisiones del Programa de Jóvenes Creadores del Fonca.