DEL ÁRBOL GENEALÓGICO/No. 164


 

Algunos muertos



Francisco Segovia

 

     *

ACAMPAMOS en las tumbas y comemos
lo que dejan nuestros muertos.
Lo mismo hacen en el pueblo
y en palacio. El Día de Muertos
cumplimos todos con la ofrenda :
nos comemos las sobras
los unos de los otros.

    *

DE DÍA amordazábamos
nuestro dolor en las gargantas
y las grutas de la sierra.
De noche huíamos diezmados
la boca llena de polvo
y un ascua ardiente en el estómago.

¡Tantos muertos y heridos
dejados al pairo en aquel valle
bajo un sol impávido y sereno!

Esa noche uno cantó :
   “Háblenme montes y valles
  Grítenme piedras del campo” …
y otro repitió viejas palabras :
   “En el país derrotado
  ríos y colinas impasibles” …

  —¿Es que no lo escuchan
  las nubes el agua las montañas?
  ¿No sienten que en su hechizada paz
  tampoco para ellas hay justicia?

Bajo el chisguete de la Vía Láctea
no nos resignamos a creer
que Dios nos haya abandonado.

    *

COMO UN PEZ que resbala de las manos
como un bocado que traga la garganta
como una cría y su placenta cuando nacen
así se le escaparon de los labios
de la herida las entrañas.

Las miró un instante palpitando
en el cuenco de sus brazos
con el mismo azoro y la ternura
con que se ve la primera vez a un hijo.

     *

SE IBA ASENTADO el polvo poco a poco
como una red que topa con el suelo
y se derrama y se vacía : mano yerta
que al fin enseña y suelta
lo que apretaba el puño.

Escampaba en el campo de batalla …

Cuerpos y más cuerpos
que boqueaban como peces en la arena
cuando se abre la atarraya.

*

SUSURROS tras las rejas
del camposanto ...

Que toda la carne es polvo
y sólo un soplo las palabras ...

Hasta de la lumbre
sólo queda su fantasma.

Fuegos fatuos.

*

DE TU TIERRA cogimos este odio al viento
que rueda de las faldas de la sierra.

Porque hace temblar los fustes del maíz
como el pulso de la sangre hacía temblar aún
el bieldo que dejaste en el vientre de tu hermana.

*

—ECHÓ el cuerpo al agua
para que el cauce lo arrastrara
y no pudieran velarlo sus parientes.

La sangre —dijo—
reborujó sus hilos en el agua
como los cirros en el cielo
y el río rompió a dar coces
en una y otra orilla
como queriendo sacudirse aquel jinete.

Mejor sigan otro poco.
Más arriba hallarán un puente.
Aquí las aguas enloquecen
apenas sienten un cuerpo.



Francisco Segovia (México, 1958). Poeta, ensayista, lexicógrafo. Trabaja en el Diccionario del Español de México, en El Colegio de México. Sus últimos libros son: Jorge Cuesta. La cicatriz en el espejo (ensayo, Ediciones Sin Nombre-Conaculta, 2004), Ley natural (poesía, Ediciones Sin Nombre, 2007), Elegía (poesía, Ediciones Sin Nombre, 2007). Los poemas aquí presentados pertenecen a su trilogía inédita Bitácora.